11 Un modelo autocentrado

Democratizar la economía en un modelo autocentrado.

La voluntad de este artículo es avanzar hacia el planteamiento de un modelo económico que suponga un paso significativo hacia la construcción de una sociedad no capitalista desde aquí y ahora. Principalmente pretende constituir un marco general (macroeconómico) de relaciones sociales y económicas que permita integrar en su seno y expandir distintos proyectos de cambio parciales y particulares que ya se están desarrollando en la sociedad actual y que a menudo se centran en un ámbito de acción concreto, ya sea por el espacio geográfico dónde se desarrollan o porqué se circunscriben a un ámbito delimitado de la realidad social. En el Gráfico 2 se trata de describir visualmente lo que pretendemos.

Elementos principales componentes de un modelo autocentrado

Gráfico 2: Elementos principales componentes de un modelo autocentrado

En este esquema pretendemos presentar unas pautas de actuación que permitan englobar en un cuadro general muchas de las propuestas que ya existen. Por ejemplo, que el interés por el empleo, de la que ya se preocupan ciertos colectivos sociales, y la gestión del ámbito exterior de la economía que preocupa a otros, se compaginen mediante la planificación social; que la economía social y las finanzas éticas que absorben las energías de otros muchos grupos, se articulen por medio del control social de los medios de producción y el control público del sector financiero. Y así con los demás componentes, hasta lograr un conjunto de relaciones económicas y sociales que faciliten la consecución de una sociedad alternativa.

Como característica principal de esta propuesta queremos destacar su carácter de marco integrador, que admita englobar en su espacio muchas de aquellas actuaciones y proyectos transformadores que ya se encuentran en curso, y que, a la vez, ello permita progresar hacia un marco de relaciones adecuado para facilitar la construcción de una sociedad no capitalista.

Además, en cierto modo, este apartado constituye una especie de continuidad y actualización con las propuestas recogidas en el Capitulo 5, si bien con una diferencia importante. Allí se presentan modelos que dan por existente una nueva situación social que permite la realización del modelo no capitalista y quienes presentan el modelo se dedican a planear como será éste. En este apartado, sin embargo, tenemos que partir de la situación en la que estamos, profundamente capitalista, e intentar proponer líneas de actuación que conduzcan gradualmente a la sociedad alternativa deseada.

La idea de sociedad no capitalista hacia la que se debería avanzar se corresponde con los planteamientos generales presentados en la Parte I de este trabajo. Pero somos perfectamente conscientes que a día de hoy, este ideal de sociedad es poco más que una quimera, no tanto por la falta de recursos o capacidades organizativas sino debido a la estructura del poder actual, absolutamente en manos del capital más feroz y sin contrapartida popular. Además y vinculado con esta hegemonía total que presenta el capitalismo hoy, debemos tener en cuenta que los valores imperantes en la sociedad convierten en prácticamente imposible una transformación tan profunda de la sociedad como la que, desde nuestra perspectiva, sería necesaria y deseable. En otras palabras, la mayoría de la población educada y socializada en los valores adecuados para la reproducción del poder y el dominio capitalista, difícilmente estará dispuesta a aceptar un cambio cultural, vital y de valores como el que supone plantear una sociedad anticapitalista en los términos aquí planteados.

No obstante el panorama de destrucción de la sociedad que supone el actual proceso de reestructuración capitalista representa un buen escenario para plantear propuestas que supongan una fractura en el proyecto de dominación del capital.

Hoy es cada vez mayor la parte de la población que se siente estafada ante la cruda realidad que impone el capitalismo. Para la mayoría global, el futuro es la miseria y el hambre y para la minoría restante, dónde se encuentran el contingente de las “clases medias europeas”, se evidencia la inevitabilidad de desarrollar sus proyectos de vida en un entorno cada vez mas definido por la mercantilización y la precariedad que conducen a una profunda incertidumbre y a la imposibilidad de un proyecto de vida. Una muestra de esta frustración social podría ser la eclosión del movimiento del 15M, pequeño reflejo del desencanto ciudadano ante la disolución de sus escenarios de vida futura. Muchas de las personas que se han acercado o conforman este espacio de movilización no provienen de prácticas organizativas anteriores sino que son personas que ven como de forma brusca se desvanece el proyecto de sociedad-sueño que al capitalismo les había proyectado.

En este contexto es posible comenzar a plantear propuestas de sociedad que se sustenten en valores y medidas que apunten hacia la superación del capitalismo actual, aunque en sí mismas no constituyan estrictamente prácticas anticapitalistas, con la esperanza que el debate que se pueda generar, sumado con el incremento del poder popular existente y futuro, impulsen la posibilidad de comenzar a implementar estas medidas u otras en una dirección similar que enmarquen la vida económica y social en ámbitos conducentes a la superación del capitalismo. Este planteamiento quiere sumarse por tanto, y complementar si se puede, el debate y las actuaciones existentes alrededor de las posibilidades actuales de transformación de la sociedad. En el momento histórico que vivimos es necesario luchar por lograr mejoras en la situación en que vivimos, es necesaria una intensa y permanente lucha para defender los derechos de las clases populares y lograr avances concretos en ellos, pero no podemos limitarnos sólo a ello, sino que es imprescindible convertir estas luchas en una tarea transformadora hacia una sociedad no capitalista. Es una tarea difícil, pero no por ello menos necesaria.

Somos conscientes de la imposibilidad de avanzar a día de hoy y en un corto periodo de tiempo hacia un modelo basado en las premisas anteriores, sobretodo teniendo en cuenta la situación social y política existente, en la que a pesar de todo, mucha población todavía se siente identificada con los valores y prácticas propias del modelo dominante. No obstante, queremos pensar que seria posible plantear algunas líneas de transformación que mostraran, incluso a ese conjunto de la población, que es posible avanzar hacia un modelo de sociedad que avance en una dirección de mayor justicia social, participación ciudadana y que fuera viable ecológicamente.

La propuesta que se plantea a continuación, que refleja someramente los elementos del Gráfico 2, van en la dirección de ir acotando el marco del capitalismo y subordinarlo a una lógica social alternativa. Pero, tal como se especifica en el Capítulo 1. en ningún momento de este trabajo se pretende recetar la propuesta de cambio social ni mucho menos el diseño de cuál debe ser la sociedad alternativa, sino tan solo mostrar algunos elementos que podrían ser de ayuda en el debate consistente en dotar de contenido práctico el proceso de construcción de una sociedad alternativa[1].

Líneas generales de un modelo económico alternativo

Democratizar la economía: El primer aspecto es que el proceso de transformación debe producirse con una participación masiva de la población en el proceso de cambio que, además, debe partir de abajo hacia arriba. Desde esta perspectiva cualquier definición previa del modelo de sociedad alternativa no seria deseable. Debemos defender los procesos abiertos de participación democrática real que avancen hacia la definición de la sociedad del futuro. Por tanto debemos ser capaces de procesos constituyentes dónde la propia dinámica de cambio ya suponga en sí misma parte de la nueva sociedad en construcción.

La idea central es que el modelo que se debería impulsar debería de tener como objetivo fundamental la satisfacción de las necesidades materiales de la población en el marco de un proceso económico ecológicamente viable.

El modelo productivo debería también caracterizarse por su radicalidad democrática. En este sentido la toma de decisiones sobre qué y como se produce se debería decidir por y desde la colectividad. Teniendo presente esta consideración resulta evidente que debería plantearse la propiedad y el control colectivo de los medios de producción fundamentales para garantizar la reproducción de la vida cotidiana. Este elemento se convierte en fundamental en sociedades que además deberán hacer frente a un futuro con importantes restricciones energéticas y materiales y donde por tanto resultará un hecho central decidir las prioridades en la utilización de los recursos existentes. Desde esta perspectiva debe pensarse en mecanismos que antepongan la ética colectiva al beneficio privado inmediato como mecanismo de redistribución colectivo.

La propiedad y control público de los medios de producción no significa que toda la actividad deba quedar bajo la dirección del ”Estado”. Sí que supone en cambio que la dinámica del proceso productivo debe enmarcarse dentro de la dinámica definida por la colectividad y que deberá implicar por tanto distintas modalidades de propiedad colectiva.

Cabe pensar que a nivel de “Estado” se pueden decidir mediante los distintos mecanismos de participación cuáles son las prioridades generales estratégicas y cuales los sectores económicos que se deben impulsar para producir los satisfactores necesarios para cubrirlas. Evidentemente esta elección debe llevar aparejada la forma de financiación adecuada para el desarrollo de lo que se haya elegido. A su vez la forma de implementación de los procesos productivos y distributivos implicados en la realización de los objetivos planteados también deberán llevar aparejados los niveles de descentralización adecuados para su mejor desarrollo.

Así por ejemplo en el caso de la producción de energía eléctrica se debería pensar en un modelo que con el objetivo de satisfacer la necesidad energética en el marco de un desarrollo viable ecológicamente combinara infraestructuras de generación de energía de carácter más centralizado (hidroeléctrica) con procesos de generación mucho más factibles de descentralizar (eólica y solar).

La idea seria avanzar hacia modelos de sociedad dónde la distribución de la población en el territorio de acuerdo con formas de producir de circuito corto permitiera y favorecieran la generación de energía de la forma más descentralizada posible.

A nivel de la producción de los bienes y servicios también debería plantearse el debate sobre cuales de ellos deberían producirse de forma masiva para luego ser distribuidos socialmente y cuales deberían circunscribirse al circuito productivo local. En esta dirección nuestra propuesta es que los criterios y valores que deberían regir la toma de decisiones en este ámbito deberían ser sustancialmente distintos a los propios del capitalismo. Pensamos que en el momento de la toma de decisiones de carácter productivo y distributivo se debe establecer una jerarquía de valores donde la justicia sea más importante que el crecimiento, la eficiencia y la eficacia. Lo que se plantea es la necesidad de construir una sociedad tan eficiente como sea posible pero subordinada a valores superiores como la viabilidad humana y ecológica.

Control público del sector financiero.Por lo que se refiere al sector financiero, éste también debería encontrase bajo control público con el objetivo de convertirse en el apoyo esencial del proceso productivo. El anclaje de lo financiero a lo real bajo la dirección de la sociedad resulta una elección fundamental pues ya es por todos bien sabido, y por muchas personas sufrido, cual es la capacidad de destrucción de un sistema financiero al margen del control social. Los niveles permisibles de endeudamiento de las familias, empresas e instituciones de toda índole debiera constituir uno de los elementos primordiales del sistema planificador.

La planificación económica[2]

En la definición del mecanismo de toma de decisiones a nivel económico se debe tener en cuenta que en unas sociedades donde las restricciones materiales y ecológicas jugaran un papel importante la producción deberá estar sujeta a criterios sociales que determinen el uso más adecuado de los recursos existentes. Para ello, y vinculado a los procesos de producción deberá contarse con modelos de planificación económica que se desarrollen a partir de una amplia participación de las fuerzas sociales. Para conseguir tal objetivo se plantea una economía regulada en sus grandes orientaciones estratégicas por la acción participativa de la ciudadanía organizada. Para ello se deberían poner en marcha procesos superadores de la actual democracia participativa, que es de baja intensidad, que tuvieran como objetivo definir las grandes líneas maestras que deberían regular el funcionamiento de la sociedad y de la economía. En este proceso el ámbito público, “estatal”, tendría como objetivo crear situaciones y escenarios que condujeran a los actores económicos a ajustarse a lógica social y ecológica del modelo. De esta forma, incluso la actividad privada que se desarrollara dentro de las coordenadas así definidas podría disfrutar también del apoyo público.

El eje central del modelo: la demanda interna, el empleo y el bienestar

Debemos pensar en modelos que partiesen de la estrategia de orientar la economía a partir de que generase empleo suficiente para todas las personas que quisieran trabajar. No se acepta aquí la idea del paro involuntario de los trabajadores. Para ello habría de establecerse un sistema que tuviera como objetivo prioritario el empleo y la satisfacción de las necesidades de la población, que generase la suficiente demanda interna.

Para generar la demanda interna clave en este modelo, la idea que sostenemos es que de forma progresiva debemos construir sociedades en las que la población, por el mero hecho de nacer, deba tener garantizada la posibilidad de satisfacer sus necesidades básicas, entendiendo por éstas las que la sociedad considera indispensables para desarrollar una vida satisfactoria. A partir de estos ejes que actuarían como tractores del desarrollo debería concretarse como se explicita su plasmación práctica y territorial determinando que tipo de unidades productivas, con que tipo de propiedad, relaciones laborales y salarios deben establecerse para cumplir de forma satisfactoria su objetivo.

La inserción práctica y participativa en el modelo supondría que éste se basara en la demanda interna de la población y en las potencialidades internas del territorio para satisfacerla. Pensamos en mecanismos que potenciaran y fortalecieran una sólida y dinámica Red Productiva, donde se combinara la actividad de las grandes unidades productivas con la expansión y el estímulo de empresas cooperativas de carácter más local vinculadas estrechamente con el desarrollo concreto de los distintos ámbitos territoriales

En este modelo productivo la demanda y la competitividad externa estarían subordinadas al cumplimiento de las variables internas con el objetivo final de garantizar los niveles de ocupación de calidad que garantizaran el pleno desarrollo de la sociedad en su conjunto.

Así pues se debería revertir por completo la idea de la competitividad basada en la permanente disminución de los costes laborales, lo que lleva a ignorar que los salarios son una de las fuentes fundamentales de demanda, y que su disminución implica reducir de manera grave las posibilidades de absorción de la producción interna.

Estos modelos implican una distribución de los recursos distinta a la que se obtiene en la actualidad por medio de los mercados. Por dos vías: una, las necesidades básicas estarían aseguradas por medio de la Renta Básica, sistema de distribución de la renta ya conocidos en la actualidad por parte de distintos autores. entre ellos el de Renta Básica de las iguales (RBis) propuesto por José Iglesias Fernández y que nosotros recogeríamos como referencia a la hora de pensar en mecanismo de distribución universales. Y dos, el trabajo asalariado también jugaría un papel importante destinado a todas aquellas personas que, más allá de la cobertura esencial de sus necesidades básicas, desearan aspirar a niveles más elevados de consumo privado. En este sentido el trabajo asalariado desarrollaría, también, el papel de proveer de recursos necesarios para garantizar la absorción de la producción. La ocupación no seria vista como un subproducto de una hipotética competitividad sino un objetivo relevante a nivel social que ayudaría a garantizar la viabilidad del modelo económico.

Hay que diseñar mecanismos de distribución de los recursos en los que la inserción social a través del trabajo asalariado fuera una posibilidad dignificante y no una necesidad angustiosa. Formas de distribución que pusieran el acento en potenciar los valores de uso en lugar de ponerlo en el del valor de cambio, y donde, por tanto, existiera la posibilidad de desarrollar proyectos productivos, en un sentido amplio, mucho más allá de las estrechas posibilidades que ofrece el embudo de la rentabilidad mercantil dirigida por los propietarios de los medios de producción.

Es necesario añadir el desarrollo de un amplio Estado del Bienestar como mecanismo importante de distribución. En esta dirección la satisfacción de las necesidades individuales a través de satisfactores colectivos será un objetivo importante que se perseguirá en el modelo y que tendrá sus desarrollos más destacados en los ámbitos de: transporte, educación sanidad, cultura, ocio, vivienda y pensiones.

Todo ello supondría un modelo de carácter autocentrado, endógenos y con ciertos grados de autonomía respecto a la dinámica de los mercados mundiales.

Articulación con el exterior

Que el planteamiento esencial del modelo se base en potenciar la demanda interna vinculada a un modelo productivo ligado a las potencialidades del territorio y de la población no significa que se plantee la creación de una economía cerrada o autárquica. De los que se trata es de considerar el crecimiento derivado de las potencialidades internas como el eje central y el derivado de la articulación con el mercado externo como un mecanismo de refuerzo de la lógica interna. La apuesta sería por un modelo autocentrado con las relaciones externas reguladas por el diseño económico e industrial interno al que se debería adaptar el sector exterior.

Un modelo de estas características no debería generar grandes problemas de endeudamiento externo, que debiera ser estrechamente regulado por las autoridades reguladoras.

El papel del sector público

El carácter del sector público acorde con el modelo que se pretende impulsar debería caracterizarse por ser mucho más activo y creativo y especialmente directivo y regulador en el sentido de gestionar la economía hacia una dirección específica. Como ya se ha hecho hincapié len la planificación, a acción del sector público debería plantearse a diferentes niveles de descentralización, siempre integrando en su funcionamiento la participación social. Evidentemente debería considerarse un sector público al margen de la dinámica del mercado y por tanto se debería revertir de manera radical la actual tendencia de privatización del sector público en todas sus múltiples dimensiones y niveles.

Hay que tener claro que no se está planteando una planificación totalizadora. Es necesaria una integración eficaz entre programación y mercado. La planificación debería tener como objetivo dotar de coherencia y eficacia las grandes decisiones sociales y el mercado debería constituir elemento de expresión de algunas preferencias individuales, concretamente todas aquellas que fuera más efectivo dejarlas al margen de la planificación sin que ello afectara la naturaleza y sentido del modelo.

En el ámbito fiscal, de una importancia sustancial en la implantación y desarrollo del modelo debería plantarse sobre una sólida base progresiva que garantizara la consolidación de una sociedad igualitaria.

Respecto al gasto público, el tipo de gasto y de inversiones públicas deberían convertirse en una fuente importante de dinamización de la demanda y la ocupación. Se deberíanplantear distintas formas de inversión que de forma sinérgica sirvieran para generar satisfactores de necesidades colectivas a la vez que se convirtieran en fuente de puestos de trabajo (programas de transporte público vinculados a la movilidad cotidiana, refuerzo de los programas de salud pública, mejoras en el urbanismo y en los equipamientos sociales etc.)

Resulta absolutamente imprescindible el desarrollo de un sector financiero público con el claro objetivo de reforzar la empresa pública y los sectores fundamentales del sistema productivo de acuerdo con los criterios establecidos socialmente y con el nivel de desagregación que se considere oportuno. El sistema financiero seria una pieza clave para potenciar todas aquellas actividades creadoras de riqueza social y de valores de uso indispensables para el desarrollo de la sociedad que se pretende construir.

Tampoco debe obviarse la necesidad de regulación de los capitales privados . Debe plantearse de forma nítida que la intervención pública tenga el derecho efectivo y los mecanismos adecuados que le permitan regular tanto las inversiones privadas internas como los flujos de capital provenientes o con destino exterior. Es cierto que a un planteamiento como el anterior siempre se le amenaza con el argumento de que en este contexto de control público de la inversión privada en un entorno globalizado con libertad de circulación del capital se produciría una huída masiva de capitales hacia el exterior. Lo primero que se debe tener en cuenta es que más allá de la amenaza que pueda suponer el argumento la huída de capitales, posiblemente no fuera ni tan masiva ni tan automática debido a que finalmente lo que el capital busca es su interés y si en el nuevo contexto existe acuerdo sobre las condiciones de inversión no tiene porque producirse la posible huída. Además, por otra parte debe plantearse cuál es la necesidad de disponer de aportaciones de un capital que desea programas y dirigir la economía y la sociedad de acuerdo sólo con sus intereses y que una vez cubiertas sus expectativas o con otras posibilidades de mayor rentabilidad en otra parte del planeta no tiene ningún escrúpulo en abandonar el territorio a pesar de los desajustes económicos y sociales que pueda generar su abandono. La circulación de capital sin control y subordinación a una estrategia interna de desarrollo es sinónimo, a corto, medio o largo plazo, de precariedad y desestructuración económica. La situación del tejido productivo del Estado español después de casi cuatro décadas de estrategia productiva vinculada a las “bondades” de la inversión extranjera así lo demuestra.

Un modelo diferente de consumo

Una propuesta social como la presentada aquí debería conjugarse con un modelo de consumo propio de una sociedad más solidaria, menos obsesionada con el consumo indiscriminado, que valore más el gasto en el desarrollo personal y colectivo y menos en el consumo de bienes ostentosos. Debería pensarse en un modelo de consumo para una sociedad consciente de la precaria situación en la que se encuentran los equilibrios ecológicos fruto, entre otros, del modelo de consumo desmesurado que nos propone el capitalismo y consciente también del grave impacto sobre los niveles de vida de millones de personas que supone el despliegue del modelo de consumo propio del capitalismo global.

Este planteamiento evidentemente supone importantes implicaciones sobre el modelo productivo que, de acuerdo con el modelo de consumo, deberá concentrarse en potenciar al máximo los bienes de uso colectivo ante los de uso individual a la vez que se deberá plantear de forma permanente la armonía entre necesidades y los impactos sociales y ambientales de los distintos satisfactores de ellas.

El sujeto del cambio

Ciertamente en la actualidad un modelo de sociedad como el planteado aquí no cuenta con un apoyo social explícito, en el sentido que no existe ningún movimiento social u organización política con suficiente representatividad que apueste por el planteamiento de una alternativa económica y social que cuestione el sistema capitalista y proponga avanzar hacia la construcción de una sociedad diferente..

No obstante existen multitud de colectivos y organizaciones sociales y políticas que posiblemente se pudieran sentir involucradas tanto en la defensa como en la construcción de un modelo con estas características.

Así, por ejemplo, en el ámbito de la agricultura existen numerosos sectores organizados que defienden el modelo de los pequeños agricultores vinculados al territorio ante las grandes producciones de las corporaciones agroindustriales y que se oponen al modelo productivista centrado en la producción competitiva para la exportación. Estos mismos movimientos u otros vinculados con estos apuestan hoy de manera firme por el control de los métodos de producción interna intentando impedir la implantación de los procesos productivos basados en la manipulación genética.

Existe también un importante movimiento cooperativista, vinculado a la economía social y solidaria, que apuesta por el desarrollo de otras formas de propiedad y de producción además de mostrar su sensibilidad hacia otros modelos de desarrollo económico mucho más localizados en el territorio a la vez que integradores de población con distintas capacidades a menudo desechados por el modelo capitalista. En esta dirección cabe destacar la vitalidad y la proyección que están consiguiendo las cooperativas de consumo que con su ejemplo proponen y muestran que es viable otro modelo alimentario vinculado a la producción ecológica y local. Así como las numerosas experiencias existentes de cooperativas de producción de muy variados productos y servicios.

En lo que se refiere la defensa del territorio, es bien conocida la existencia de múltiples redes y organizaciones ciudadanas que plantean una oposición firme y rigurosa a los proyectos de desarrollo de las grandes infraestructuras alejados de los intereses de la mayoría de la población y altamente destructores a nivel ecológico.

Asimismo en el ámbito ciudadano, y de forma cada vez más creciente y consolidada, existen numerosas plataformas y organizaciones que se oponen a los procesos de recortes y privatización y reclaman el acceso público, universal y de calidad a todo un conjunto de derechos (educación, sanidad, cuidados personales, pensiones, transporte público, cultura…) constantemente agredidos por la dinámica mercantilizadota y privatizadora. Existe también un amplio movimiento de crítica y rechazo a los procesos de deslocalizaciones industriales y destrucción del tejido productivo que reclama iniciativas productivas que generen puestos de trabajo de calidad y respeten y aseguren los puestos de trabajo existentes. Vinculado a este aspecto, en el ámbito del trabajo emerge con fuerza un sindicalismo alternativo que presenta un desacuerdo absoluto con la claudicación ante el discurso de la competitividad y el resto de dogmas neoliberales, aceptados por las corrientes mayoritarias, y que más allá de la vigencia y defensa del pacto social reclama nuevas formas de organización del trabajo que superen el sistema capitalista.

En el ámbito de las nuevas formas de organización que están emergiendo remarcar la frescura innovadora y incluyente que suponen las distintas propuestas derivadas de la eclosión del 15M, a destacar por su acierto capacidad de inclusión clarividencia y contundencia la PAH que a nivel diario esta demostrando que con organización sí se puede hacer frente y derrotar al capitalismo financiero más voraz y asesino.

Destacar también en lo referente al ámbito social y político los diversos centros sociales, “casals” y ateneos, existentes en muchos territorios, algunos vinculados estrechamente con la izquierda independentista, que ejercen una tarea diaria y permanente de difusión y concienciación alrededor de una idea de emancipación acorde con las exigencias que supone un verdadero proceso de autodeterminación en el capitalismo del siglo XXI.

Destacar también el dinamismo de un importante número de organizaciones políticas juveniles que plantean su acción política en la dirección explícita de conseguir fomentar una cultura alternativa que tenga la emancipación social como eje vertebrador de los distintos proyectos, en bastantes casos vinculados a la autodeterminación nacional. En esta dirección resulta interesante el hecho que cada día resulten más consolidadas y vigorosas las propuestas de municipalismo alternativo y transformador.

En definitiva todas estas y muchas más podrían ser los juncos que a partir del diálogo y la propuesta común sirvieran para tejer desde abajo este nuevo modelo de sociedad a partir de la situación actual.


  1. Los referentes teóricos utilizados para planear las ideas que siguen son muchos y diversos. No obstante, la influencia más importante es la que ejerce el trabajo de Miren Etxezarreta ’El desarrollo endógeno como estrategia de construcción de una nueva sociedad solidaria’. Ponencia presentada en la IV Cumbre Social Latinoamericana celebrada en Caracas en febrero de 2005. De este trabajo se adopta el nombre de la propuesta así como la mayoría de las ideas que aquí únicamente se adaptan a un escenario más próximo que el mantenido por la autora en el trabajo citado. También existen algunos elementos inspirados en la protesta de Democracia Económica y Democracia Inclusiva. Así mismo la propuesta aquí planteada adopta como elemento importante la Renta Básica de los Iguales (RBis) defendida por José Iglesias Fernández y por espacios sociales como Baladre.  
  2. Ver también el Capítulo 10.

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