10 El municipalismo. Cambiar el poder municipal para mejorar nuestras vidas y transformar la sociedad

El municipalismo como ámbito de vida y convivencia

El espacio administrativo y político en el que vivimos y trabajamos la mayoría de las personas (solas o en familia) es el municipio. En las pequeñas comunidades, constituye la base primaria de la convivencia después de la familia, donde se desarrollan las relaciones de vecindario, culturales, asociativas, y a menudo laborales. En las ciudades y pueblos grandes, estas relaciones primarias se desarrollan en los barrios, pero la suma de ellos conforma ese espacio al que llamamos administrativamente el municipio. Los ámbitos barrial y municipal facilitan el contacto directo entre sus habitantes y establecen las relaciones entre vecinos desde las que se pueden establecer organizaciones y colectivos que actúan en los respectivos ámbitos de convivencia.

En todo municipio, a nivel local, se suministran a los ciudadanos bienes y servicios municipales públicos que son muchos y muy variados, comunes en la mayoría de municipios[1]. A menudo la existencia permanente de los mismos, puede llevarnos a ignorar su importancia para la vida colectiva e individual, pero un breve y rápido listado de algunos de ellos, que recogemos en el recuadro 1, permite percibir su importancia. Su calidad y eficacia dependen en alto grado de la buena o mala gestión de las autoridades municipales. Allá donde la gestión se inclina más a favorecer la población, la calidad de vida de la misma mejora; allá donde se hace a favor de los poderes locales o externos al municipio, seguramente deja bastante que desear o puede ser mala.

Gran parte del bienestar individual y colectivo de la ciudadanía depende de las políticas que se desarrollan por los ayuntamientos. Pensemos que de sus servicios dependen una gran parte de la existencia y calidad de aspectos tan importantes como el entorno ambiental, el bienestar social, las actividades educativas y culturales, artístico-deportivas, de asociacionismo ciudadano, las de seguridad ciudadana (policía urbana, bomberos), que incluso prestan importantes ayudas a las actividades económicas –polígonos industriales, turismo, ferias – y otros muchos aspectos. Por ello, debido a su papel crucial como espacio de convivencia ya establecido, consideramos que el municipio puede convertirse en el ámbito de partida, un lugar de arranque, desde donde los sujetos sociales pueden comenzar el proceso de transformación hacia una sociedad alternativa (que en este apartado llamaremos comunalista) hacia una sociedad no propietarista, sin clases, antijerarquica, antipatriarcal y antimilitarista, entre iguales. De aquí que planteamos el municipalismo como un ámbito de actuación donde se puede iniciar el proceso de trasformación de la sociedad[2].

No somos los primeros en la historia que nos fijamos en el ámbito municipal como espacio de inicio de un proceso de transformación. Existen varias propuestas de municipalismo que pretenden ser modelos de sociedad alternativa al capitalismo, entre la cuales destacan el socialista y el libertario. No las recogemos aquí[3] dado que el municipalismo que aquí se propone se limita a definirlo como un proceso entre el punto de abandono, el capitalismo, y el universo de llegada, el comunalismo/comunismo, pero no constituye en sí mismo la sociedad alternativa. Constituye un proceso, con sus sujetos, sus instrumentos y su matriz comunal como criterio de orientación, para avanzar hacia una alternativa, pero no es en sí misma una alternativa tal como la definimos en la Parte III de este trabajo.

En las sociedades actuales los ayuntamientos son los órganos de gestión de los municipios, que están en manos de personas electas, de carácter representativo. En la organización social, política y administrativa actual, son unas pocas personas[4] que deciden y gestionan, tanto la calidad como la cantidad de los bienes y servicios bajo el control del Municipio. Nosotros consideramos, por el contrario, que teniendo en cuenta la importancia que ocupan tales bienes públicos en la satisfacción de nuestras necesidades materiales y culturales, no es posible dejar en manos de unos pocos la administración de la riqueza colectiva que se mueve desde el Ayuntamiento.

Aquí tratamos de plantear un proceso por medio del cual en los municipios se inicien procesos de transformación social, que al generalizarse den lugar a sociedades alternativas al capitalismo. Que ha de partir desde la ciudadanía el proceso para recuperar y convertir en riqueza comunal los recursos productivos existentes, tanto en manos públicas como privadas (naturales, medios productivos y conocimiento), y que el Ayuntamiento puede ser un instrumento útil para obtener la gestión directa y horizontal de la riqueza producida de forma colectiva, pero apropiada por los capitalistas.

Los municipios actuales serían embriones, ámbitos de autonomía en los que gradualmente se avanzaría para dar lugar a otra sociedad. Y los órganos gestores de estos municipios, los ayuntamientos, habrían de constituir entes impulsores de este proceso de transformación. La comunidad es el punto de llegada, la forma final de sociedad municipal. En la comunidad, la mayoría de los recursos y de los bienes y servicios que se produzcan, serán de propiedad comunal, así como la gestión y distribución de los mismos.

Sin duda ello requiere la transformación de las autoridades municipales en partes importantes de los sujetos sociales promotores del cambio. Pero su carácter, composición y actuación serán en la mayoría de casos muy distintos a los de las instituciones municipales actuales.

El municipalismo que aquí propugnamos se considera a sí mismo como un camino, un proceso de avance hacia una sociedad comunal/comunitaria que constituya una unidad de convivencia de aquellas personas que deciden de manera libre, autónoma y voluntaria vivir de forma colectiva, buscando el bien común y el apoyo mutuo. Asume y sostiene que los recursos existentes de todo tipo han de satisfacer las necesidades humanas, pero de forma que tanto la propiedad como la organización, gestión y distribución de los mismos sean acordes a la hoja de ruta que se ha establecido el Capitulo 2, Criterios fundamentales.

El municipalismo puede ser importante en los procesos anticapitalistas porqué supone un espacio básico donde se tiene que dar: 1) el choque entre el capitalismo como sistema y los gérmenes de su modelo alternativo; 2) la sustitución entre las formas de gobierno (la existente, representativa, por la alternativa, participativa y horizontal); y 3) la organización de la insurrección por la múltiple presencia de los sujetos sociales que han de asumir el diseño de los procesos y la transformación de esta sociedad.

Este proceso, que no ignoramos contiene una fuerte dosis de utopía, es un desafío a los poderes del sistema, y se ha de entender como un proceso abierto, dejando que cada sujeto social, actuando en el marco de los criterios sociales señalados, decida que camino sigue para caminar con cierta seguridad hacia la destrucción del capitalismo y la construcción de la sociedad comunal.

Será esta filosofía la que oriente el proceso de cambio, desde la situación de partida en la que se encuentra jurídicamente la municipalidad hoy, hasta su final transformación en una sociedad comunal. Así mismo, servirá de orientación para que las políticas e instrumentos específicos que se propongan durante dicho proceso no se alejen de la misma.

Ventajas de los municipios. Las razones para el ámbito municipal

Sabemos que el municipio constituye el primer nivel de convivencia ciudadana. El ámbito municipal facilita el conocimiento de las personas y las relaciones personales del vecindario, las relaciones de convivencia. Relaciones que pueden facilitar la cooperación entre vecinos que se podrán establecer y organizar desde las respectivas organizaciones y colectivos que actúan en los respectivos barrios. Asimismo, los problemas sociales del municipio[5] podrían ser abordados conjuntamente, de forma integral donde sea posible, con políticas y fondos municipales, así como con la participación de las mencionadas asociaciones ciudadanas y vecinales; una forma más comunitaria y social de abordar estas situaciones de desamparo de estos colectivos que la economía de mercado y las empresas privadas jamás atenderán. Facilita el desarrollo del apoyo mutuo y la gestión horizontal de las diversas actividades encaminadas al bienestar colectivo[6].

El ámbito municipal/barrial puede facilitar también los contactos directos entre sus habitantes tanto en las actividades de producción, como de proximidad de los trabajadores de los diferentes oficios y especialidades, y mediante las redes de trabajo personal y colectivo; así como a nivel de satisfacción de necesidades, esta misma proximidad facilita el intercambio y la distribución; es decir, con el objetivo de organizar estos dos grandes grupos de actividades como economía colectiva, la proximidad entre productores, así como la proximidad entre consumidores, y entre ambos grupos, es un elemento positivo para potenciar las actividades económicas en la vida local. Esta proximidad puede facilitar grandemente las relaciones de producción, distribución y consumo sin la intermediación de la propiedad privada. Y, a su vez, estas relaciones sociales económicas alternativas pueden reforzar las relaciones positivas de convivencia entre vecinos.

Fases del proceso municipalista

El proceso municipalista contempla dos fases: Primera, dentro del capitalismo, que está dividida a su vez en a) el municipalismo de mercado, en la que domina el sector privado; y b) el municipalismo de servicios públicos (o Estado del bienestar), en la que domina el sector público, representado por el gobierno municipal (abreviando, el Ayuntamiento). La segunda fase, será considerada como el período de transición entre la fase capitalista y el desarrollo de las condiciones para el paso de la propiedad pública a la propiedad comunal, donde la actividad municipal y el sector público se conviertan en elementos dominantes. Es decir, un tiempo en el que se va imponiendo el dominio del sector comunal, a través de la actuación del sector público, tanto en la gestión política, como en la productiva y distributiva., para finalizar en el punto de llegada, a la que llamaremos sistema comunal/comunista donde existe una gestión colectiva de la producción y distribución de los bienes que satisfacen las necesidades socialmente necesarias que respondan al concepto de bienestar común. De forma más detallada:

  • En la etapa de mercado, o dominio del sector privado, que es la situación actual, por el lado de los bienes privados, es bien sabido que quién no tiene recursos (dinero), se queda sin ellos; por el lado de los bienes públicos, lo que está sucediendo ahora es la privatización de los bienes públicos, que son convertidos en mercancías, con la pérdida de los derechos ciudadanos adquiridos a lo largo de las luchas en las sociedades clasistas. Los bienes del sector público pasan a ser gestionados por intereses privados. Es imprescindible revertir esta evolución.
  • En la etapa del municipalismo de servicios públicos, el Ayuntamiento se iría constituyendo en gestor y proveedor de la mayoría de los servicios en el municipio. Bien recuperando sus atribuciones pasadas o absorbiendo nuevos ámbitos, se avanzaría hacia la reconversión de la mayoría del sector privado en público. Vuelta a los derechos, a la gestión ciudadana del Municipio desde el Ayuntamiento, con un mayor control de los recursos públicos. En esta etapa, los ciudadanos pueden disfrutar de los mismos, aunque no dispongan de poder adquisitivo. Es obvio que esta etapa requiere simultáneamente una transformación profunda del carácter y formas de gestión de las autoridades municipales, como ya se ha anticipado.
  • En la fase de transición hacia el comunalismo, o período en que el que el sector comunal va siendo dominante, se comienza a conformar la sociedad comunal, punto de llegada, donde todos los recursos serán de propiedad comunal, así como el uso-fructo de los servicios y mercancías que generen estos recursos. Asimismo la gestión municipal será ampliamente participativa y asamblearia. A partir de esta etapa, sólo existirán los bienes privados considerados como riqueza no productiva y dedicados al consumo personal.

Procesos, sujetos sociales, instrumentos.

Aunque ya se han tratado ampliamente estos elementos genéricamente en la Parte I.1. completaremos brevemente algunos de ellos desde la óptica municipalista:

Diseñada o expresada genéricamente la utopía que se desea conseguir, se impone el diseño de los procesos de cambio, que son los que constituyen las vías hacia esa alternativa: es decir, son los componentes indispensables para la realización de cualquier alternativa transformadora. Todo proceso está compuesto por unos sujetos sociales, unas políticas, unas medidas y unos instrumentos. A efectos prácticos, vamos a considerar que las políticas y las medidas son todas ellas refundidas en instrumentos. Estos también los clasificaremos en dos tipos: débiles y fuertes. A los sujetos, los procesos y los instrumentos les podemos aplicar el criterio crítico, o esquema normativo/evaluativo anterior, para determinar la sensibilidad de su oposición al capitalismo.

  • Todo cambio social debe arrancar desde abajo. Esto quiere decir que todo proceso de transformación social ha de estar caracterizado por la movilización de la participación ciudadana, por los movimientos sociales. “El pueblo (la ciudadanía) habrá de empezar por sí mismo la labor constructiva, conforme a principios más o menos comunistas y sin esperar órdenes ni planes de lo alto… Ha de ser el pueblo (la ciudadanía) quien levante el edificio de las nuevas e indispensables instituciones sociales”. Lo que los movimientos sociales debemos y “podemos hacer respecto al futuro es precisar vagamente las tendencias esenciales y despejar el camino para su mejor y más rápido desenvolvimiento” [7].
  • En los procesos de cambio, la asamblea constituirá el órgano de decisión y gestión. En el Capítulo 3. se ha comentado también el tema de las relaciones de los procesos de transformación y el poder del Estado.
  • Con objeto de iniciar los fundamentos que servirán de experiencia para la sociedad futura se habrá de comenzar a experimentar con distintas formas de organizar las unidades de producción y consumo a nivel municipal, que serán la base de los ámbitos de autonomía colectiva.
  • El sujeto social activo está formado por aquellos: a) colectivos que no aceptan la sociedad capitalista (anti-sistema o anti-capitalistas); y por b) los ámbitos en los que se organizan las actividades en contra del capitalismo. En ocasiones hay entidades que se presentan así mismas como alternativas, pero una organización, por muy radical que sea, nunca es una alternativa al sistema capitalista, sino el agente que propone, defiende y trabaja por dicha alternativa.
  • Ya hemos definido en el Capítulo 3 lo que denominamos los ámbitos de autonomía, espacios específicos donde actúa el sujeto social no alienado intentando construir ámbitos transformados, dónde se entrena y forma el ser social que está construyendo una vía hacia la nueva sociedad.

También conocemos la distinción entre instrumentos fuerte y débiles, entre aquellos que van más directamente contra el sistema capitalista y pretenden establecer formas sociales alternativas y los que facilitan la legitimación del capitalismo y facilitan su reproducción. Actualmente la extensión de la marginación social y la pobreza esta incluso conduciendo a actualizar la idea de la caridad, idea que viene de lejos; de hecho, Tom Holland,[8] un estudioso de la cultura republicana del imperio romano, nos recuerda que “la compasión por el débil es una aportación absoluta de la cristiandad”, que continua muy enraizada en el capitalismo

Una propuesta de sistema operativo de transformación

El proceso de transformación que propugnamos puede iniciarse de muy diversas maneras. A continuación señalamos una forma específica que creemos puede ser útil para avanzar en el mismo y que se ajusta al marco de los criterios básicos de actuación que señalamos en el Capítulo 2, ‘Criterios fundamentales’, pero eso no significa que no haya otras formas que puedan ser diseñadas por los sujetos sociales para la actuación en el ámbito municipal.

En la actividad económica: En el sistema actual todo se obtiene a través de la iniciativa privada y el mercado. Por el contrario, uno de los elementos ideológicos para orientar la acción municipal es impulsar y consolidar el criterio soberano de la acción municipal. Entendiendo por tal, que todos los servicios básicos de la comunidad estén municipalizados, se transformen en servicios de índole pública y se financien a través del erario municipal.

En el proceso municipalista, el comienzo del proceso de transformación podría iniciarse con la recuperación gradual para el ámbito público de la provisión de los servicios básicos para la población, mediante el establecimiento de nuevas empresas municipales, o restableciendo otras desaparecidas, dedicadas a la producción y aprovisionamiento de dichos servicios. Esto aseguraría la provisión de los servicios básicos a toda la población, sin ánimo de lucro Dichas empresas irán contratando progresivamente el personal con carácter de servidores públicos o funcionarios. En el corto plazo, algunos de estos servicios pueden ser gestionados por empresas mixtas, en las cuales la propiedad es pública pero la actividad productiva puede ser realizada por personal de entidades organizadas bajo el criterio de la economía social.[9] Esta es una de las medidas que potenciará la capacidad de ocupación local y dará prioridad a los ciudadanos que viven en el propio municipio. No hace falta añadir que la calidad del empleo (contratación, niveles salariales, protección social, condiciones de trabajo, etc.) tanto de los funcionarios como el del personal de las empresas mixtas, ha de ajustarse a lo establecido por la normativa laboral. Este sistema de actuación permite y obliga a la implicación directa del Ayuntamiento en la organización y la gestión de la producción y la provisión de los servicios a la población.

Los fondos municipales habrán de ser gestionados teniendo en cuenta todos estos elementos, por lo que seguramente se requerirá una mayor disposición de fondos públicos y, por tanto, una reestructuración de alcance, tanto de los ingresos como de los gastos del erario municipal.

A medio y largo plazo, se habría de ir ampliando la gestión municipal hacia la producción y los servicios que permanecen en manos de las empresas privadas, expandiendo su ámbito de acción e influencia hacia los demás sectores relacionados con las actividades productivas y económicas de todo tipo, bien directamente por la producción pública o por medio la economía social (Ver Apartado III.3.3. Formas de producción) hasta llegar a la sociedad comunitaria

En el sistema de gestión municipal: Para hacer posible este proceso, los sujetos sociales a través de su acción reivindicativa y transformadora, habrán de ir logrando la evolución profunda del carácter de las autoridades municipales, que, serán transformadas por la actuación de los sujetos sociales y, a su vez, simultáneamente, habrán de estimular y desarrollar el proceso de transformación social. La gestión de carácter representativo que actualmente tiene el Ayuntamiento ha de ir perdiendo peso para ir dando paso a la participación, la gestión y el seguimiento ciudadano en forma de asambleas que habrá de llegar a constituir la forma básica de decisión popular. Mientras dure la versión representativa, tanto el alcalde como los ediles no podrán ser reelegidos para sucesivas legislaturas. La gestión colegiada basará su trabajo en las funciones necesarias a desempeñar y no en el concepto de cargo, de forma que han de desaparecer los cargos de alcalde, tenientes de alcalde, secretarios, etc., que tanto poder personal e institucional contienen en ellos mismos. Por tanto, en el municipalismo, debe avanzarse gradualmente hacia la práctica de diluir el poder en las instituciones municipales, y mucho más todavía el que ostenten personas concretas a favor de las decisiones colectivas que respondan a prácticas asamblearias.[10] Tanto en el ámbito de la actividad económica como en el de la gestión municipal puede ser útil la conexión entre experiencias similares a través de todo tipo de redes sociales, por lo que se habrán de explorar todo tipo de posibilidades en este contexto.

La expansión del sistema municipalista como aquí se refleja en muchos municipios conduciría a la transformación de amplios territorios de la sociedad en sociedades comunales, y con su generalización se llegaría a la transformación del conjunto de la sociedad en una sociedad genuinamente alternativa.

Epílogo

Poco más que añadir al proceso municipalista. Transformar el capitalismo, un orden social que genera la desigualdad mundial, obliga a repensar que estrategias se pueden seguir para dicho cambio, cómo habrá de ser éste y quién o quienes serán los sujetos sociales de cambio. El ámbito municipal puede constituir un importante espacio que facilite la transformación. ¿Que esta idea es utópica? Cierto, pero mucho más utópico es pensar que el capitalismo puede conducir a una sociedad satisfactoria. Todavía hay que pensar que las utopías tienen sentido. Por esta razón, cerramos esta serie de reflexiones sobre el proceso municipalista con la frase de Marx/Engels que también cierra El Manifiesto: “surgirá una [sociedad] en que el libre desarrollo de cada uno será la condición del libre desarrollo de todos”.


  1. Los municipios están obligados por ley a suministrar muchos de estos servicios, pero no todos.
  2. En este planteamiento nos limitaremos a los aspectos más relacionados con la realidad económica, pero esto no quiere decir que el proceso que propugnamos no sea válido para ser aplicado a todas las facetas de la convivencia ciudadana en el ámbito municipal.
  3. En las obras de Bookchin y Halbwachs señaladas en la bibliografia pueden encontrarse estos planteamientos
  4. Esencialmente reconocidas por la Constitución española a las que están vinculadas a los partidos políticos.
  5. Por ejemplo: la pobreza, la inmigración, el racismo, la exclusión social, la marginación por orientación sexual, la hostilidad entre vecinos, la discriminación y el maltrato de género, las carencias por edad o discapacidad, el desempleo, la drogadicción y la ludopatía, las dificultades de acceso a la vivienda y los desahucios, etc.
  6. No queremos idealizar el ámbito municipal, donde es bien sabido que se producen también frecuentemente situaciones de hostilidad y conflicto. Habrá que contar con ello y ver cómo se pueden establecer mecanismos que las minimicen y gestionen los conflictos que se produzcan.
  7. Las dos citas de Kropotkin tomadas de Irving L. Horowitz. Los anarquistas. 1 La Teoría. pp. 171-201. Alianza Editorial. Madrid 1975.
  8. La Vanguardia. 9 febrero del 2005.
  9. Un buen ejemplo lo encontramos en los colectivos de El Parke (Alfafar) que gestionan los servicios municipales de recogida de basuras, reciclaje, jardinería, etc., en forma de economía social.
  10. Entre otros muchos aspectos beneficiosos, permítasenos añadir que este tipo de gestión facilitaría la lucha contra la corrupción que se ha disparado en la última década. Especialmente a nivel municipal, es posible que debido a la concentración de poder y falta de posibilidades de control por parte de las poblaciones locales.