3 Otros elementos

Además de estos aspectos que consideramos fundamentales hay, por supuesto, otros muchos elementos importantes, aunque de distinto orden, que es necesario señalar. Entre ellos:

El Estado

En este largo e intenso proceso de transformación, ¿qué papel deberá jugar lo que hoy conocemos como Estado, así como sus complementos de organización política (partidos, sindicatos, otros entes)? El principio del trabajo autónomo desde la base obliga a plantearse la importante cuestión de la organización social y el papel de las instituciones políticas y sociales existentes, particularmente del Estado. La pluralidad y diversidad del proceso de abajo hacia arriba, ¿supone el abandono de la idea de una institución política, de organizaciones políticas parecidas a las que ahora conocemos o la actuación social debe ser principalmente orientada desde abajo hacia arriba con instituciones sociales de otros niveles, siempre bajo el papel mayoritario y el control de las organizaciones del nivel más próximo a la población?

El debate sobre el papel del Estado en el proceso de cambio es antiguo[1], pero se ha revitalizado con algunas nuevas propuestas de la posibilidad de transformar el capitalismo sin tomar el poder: Holloway afirma que “las luchas sociales tienen que ser luchas antiestatales, tienen que encontrar formas de lucha y de expresión no estatales. Meterse en los canales estatales implica la cosificación y fragmentación de la lucha”, mientras que Harvey, en el documento mencionado más arriba, considera que el estado, pero distinto, es necesario ‘Ciertamente debemos tomar apoyo sobre estructuras existentes, sobre el Estado, pero debemos reconfigurar radicalmente al Estado. En mi opinión, no tiene ningún sentido llamar a la destrucción del Estado, porque la cuestión del tipo de institución que debe sustituir al Estado va a plantearse inevitablemente. Alguna cosa similar al Estado deberá organizar al Estado y eso implicará una reconfiguración de toda la estructura institucional… porque no se puede constituir un orden social anticapitalista sin la toma y la transformación radical del poder del Estado y sin refundar el marco institucional y constitucional que hoy en día se encuentra al servicio de la propiedad privada, del sistema de mercado y de la acumulación de capital’. y Löwy señala: “los marxistas pueden inspirarse en lo que destacaba Marx en relación con la Comuna de Paris: los trabajadores no pueden tomar posesión del aparato del Estado capitalista y ponerlo a funcionar a su servicio. Deben “demolerlo” y reemplazarlo por una forma de poder político radicalmente diferente, democrático y no estatal”.[2]

TAIFA no puede ni quiere dar a este estadio una respuesta concluyente a este debate, puesto que la posición final será la resultante de los planteamientos de los agentes transformadores, sus articulaciones y las convergencias entre ellos, los que habrán de decidir si quieren apoyarse en unos entes políticos organizados en las líneas de diversidad y democracia y fuertemente controlados por las bases, o si prefieren diluir el poder y explorar líneas de actuación totalmente descentralizadas o con formas de articulación entre sí diversas. Lo que sí parece claro que, en cualquier caso, esos ‘estados’ y las correspondientes estructuras políticas, si existieran, tendrían que ser muy distintos de lo que hoy suponen las instituciones políticas –estado en todas sus facetas, partidos, sindicatos, otras organizaciones- para responder a que el poder, la iniciativa y las decisiones deben manifestarse de abajo hacia arriba y con plena participación de la ciudadanía.

Lo que está muy claro es que la forma del poder tal y como existe en la actualidad, por todo lo que supone de sustento de la explotación, deberá ser sustituido por otra concepción del mismo. Es muy difícil plantearse que el poder pueda desaparecer totalmente, por lo que es importante diluir al máximo el poder para evitar su concentración y su consiguiente deriva autoritaria y burocrática. Por ello, es necesario e imprescindible tener un concepto del poder desde abajo, iniciar el cambio desde los colectivos de base, porque suponen la clave de una transformación desde las raíces, una transformación radical. De lo que se trata es de construir, de forma colectiva, un discurso y una práctica del poder en que todas las personas se sientan co-responsables de respetar y hacer respetar porque es el resultado del acuerdo colectivo.

Respecto a este tema existen también otras dimensiones distintas que hay que considerar. El tema de cómo gestionar el poder en la sociedad nos lleva al carácter de la democracia. Es obvio que el trabajo de transformación debe ser esencialmente colectivo y que el tipo de sociedad comunal deseada obliga a que se parta de la organización colectiva, pero, al mismo tiempo toda persona ha de tener la misma capacidad de participación en el poder y la organización social ha de establecerse de forma que lo asegure, que es lo único que constituye una democracia genuina. Habrían de diseñarse las medidas adecuadas para conseguir el máximo nivel de descentralización y autonomía en la toma de decisiones, estableciendo una dialéctica entre las necesidades de planificación social y la imprescindible descentralización del poder. Lo que se habrá de tener en cuenta al diseñar las agencias institucionales, legales y gubernamentales.

Tampoco se puede ignorar la tensión que se establece entre la decisión colectiva y la libertad individual. Entre la necesidad de la actuación colectiva y el respeto al ámbito privado, a la intimidad, a las libertades individuales. Es necesaria una forma social en que la persona respete el ser colectivo y el sentir comunitario de la sociedad pero también que ésta le respete sus derechos individuales. Qué mientras como ciudadano, se respete la res pública, o el espíritu comunitario de la sociedad, la comunidad respete el derecho individual a la intimidad, al disfrute de su res privada. Hay que evitar la tiranía de la mayoría, pero igualmente las exigencias irrestrictas del individualismo.

Sobre la violencia

Todavía hay otro elemento muy importante a considerar: el avance hacia una sociedad diferente encuentra, ya desde ahora y encontrará todavía mucho más cuando tal avance sea mayor, grandes resistencias y obstáculos por aquellos que no desean el cambio. Los propietarios del capital, las clases dominantes principalmente, casi siempre utilizando su cooperador, el Estado, opondrán una fiera resistencia. Entender el Estado como la violencia organizada de una clase para la opresión de otra implica la existencia de agentes extremadamente poderosos que tienen medios que la ciudadanía no podemos ni imaginar para impedir perder su poder y no tienen escrúpulos cuando luchan por sus riquezasy sus privilegios. No vacilan ante la más cruel represión. No podemos ignorar estos poderes y su enorme capacidad de actuación, sino que hay que tenerlos muy en cuenta en cualquier proyecto de transformación. No se puede eludir la consideración de su capacidad de incidir a través de la calumnia, la división, la insidia, los privilegios para algunos, ni tampoco su utilización de la violencia cuando les conviene. Es muy difícil prever cual puede ser la actitud, los mecanismos de defensa y las estrategias para enfrentarlos. Habrá de evaluarse en cada momento que se puede hacer. Desde TAIFA entendemos que la violencia no es un fin en sí mismo, sino un medio por el cual se expresa la lucha de clases, ya sea por la violencia estructural e institucional del Estado o por la lucha organizada como expresión popular. Desearíamos que el proceso de transformación del orden social existente fuera de carácter pacífico, pero dudamos que el poder que ejerce relaciones de explotación claudique sin violencia. De hecho el capitalismo ha forjado su historia a base de millones de muertos. Nos parece imposible prever ahora, en las circunstancias actuales, cuales podrán ser los medios de ataque y las respuestas que se podrán diseñar y poner en práctica ante el uso de la violencia por el poder. Pero es importante mencionarlo y no ignorar que esto va a suceder, de hecho si bien a escala menor, ya está sucediendo en todas las ocasiones en que los valores e intereses dominantes del capitalismo se ponen en juego.

Los espacios de actuación y los ámbitos de autonomía

Hasta ahora nos hemos referido a los agentes del cambio como las personas y grupos que han de impulsarlo. Pero es necesario también tener en cuenta los distintos niveles de actuación en términos físicos o geográficos necesarios y posibles. Pueden existir niveles de actuación en la base de la sociedad (colectivos concretos, barrios, municipalidades: nivel micro o meso social) o niveles más generales de actuación respecto a lo que supone una sociedad jurídica y socialmente determinada de un nivel más amplio (regiones, países, nivel macrosocial) que requieren actuaciones políticas de carácter más agregado: planificación social, sistema fiscal, sistema financiero, legislación, constitución, etc. etc. No es posible ignorar ninguno de los dos niveles ya que están estrechamente vinculados.

No obstante, la situación actual de descomposición de las fuerzas políticas y sociales transformadoras en nuestro ámbito de actuación y la filosofía de iniciar los procesos transformadores desde la base, nos lleva a plantear, como hipótesis de trabajo, que, en la actualidad, lo más urgente y necesario es poner el énfasis en la necesidad de articular propuestas que se sitúen en el nivel de base (micro, meso), para ampliar y consolidar las fuerzas sociales fundamentales. No porque la dimensión macro no sea importante sino porque sólo si existe la necesaria potencia a nivel de base, se podrá incidir, exigir, tener fuerza para incidir en las decisiones que tomen los dirigentes a otros niveles. No sirve de nada tener un fantástico plan teórico para organizar la sociedad desde arriba, si los dirigentes a ese nivel pueden ignorarlo totalmente por no existir la fuerza social para exigirlo. Si el trabajo de transformación desde la base avanza, podremos empezar a preocuparnos por la faceta política macro. Que sabemos es imprescindible pues la transformación pasa por dar el salto a un control social de la economía para reorganizarla en función de las necesidades de una mayoría de la población. A pesar de ello, sin ignorar en absoluto las opciones que puedan existir a nivel macro y que para transformar el sistema hay que articular éstas con las alternativas de base, en las reflexiones que nosotros plantearemos aquí, damos prioridad a reflexionar como podemos empezar desde la base, ya que una de nuestras preocupaciones fundamentales es como es posible aumentar y expandir el poder popular en la base y desde la base para poder ir avanzando después a proyectos más amplios. Estos espacios donde se pueden iniciar las actividades transformadoras desde la base, son los espacios que denominamos ámbitos de autonomía

Ya hemos señalado antes que no queda más remedio que iniciar desde el capitalismo en el que vivimos la lucha por otro sistema. Por ello, dadas las dificultades de lograr una transformación rápida del conjunto de la sociedad nos parece más factible iniciar formas de actuación distintas de las capitalistasen ámbitos relativamente reducidos que puedan suponer espacios no capitalistas. A estos espacios no capitalistas de ámbito limitado es a lo que nosotros denominamos ámbitos de autonomía, como lugares, físicos o sociales, que constituyen modestas experiencias de maneras de hacer no capitalistas. Es el lugar dónde se participa, se aprenden los hábitos y se practican los valores de la sociedad futura; es decir, estos ámbitos suponen los lugares donde se reconstruye el sujeto social no alienado, dónde se entrena y forma el ser social que está construyendo una vía hacia la nueva sociedad. Así como en la sociedad feudal, los gremios, los artesanos y la burguesía se convertían en los sujetos de la lucha de los contrarios así los ámbitos de autonomía impulsados por los sujetos sociales han de cumplir este papel en la sociedad capitalista.

La idea del espacio de autonomía tiene como objetivo mostrar que no es necesario esperar a que se pueda realizar la transformación de toda la sociedad para empezar a intentar pequeñas experiencias de transformación que servirán para ir aprendiendo a llevar a cabo formas de actuación no capitalistas que, además, proporcionarán experiencias sobre las dificultades y ventajas que ellas representan. Así, una cooperativa, una experiencia de estudio y formación, unas formas de intercambio igualitario, pueden constituir espacios de autonomía que prefiguren modestamente y supongan un avance acerca de cómo puede ser una sociedad alternativa. A medida que estos ámbitos de autonomía se expandan, se generalicen, se coordinen se irá ampliando el espacio no capitalista de una sociedad para facilitar la transformación del conjunto. Así como los grupos y colectivos constituyen el eje de la transformación social, los ámbitos de autonomía pueden constituir la base de actuación espacial

Una estrategia de cooperación

La visión de una sociedad alternativa y el proceso que ha de conducir a ella que aquí presentamos, es, desde luego, un proyecto a largo plazo, pero tiene la ventaja que permite comenzar a trabajar en su dirección inmediatamente. Es más, permite aprovechar y que se incorporen al mismo todo el ingente número de grupos y personas que ya están trabajando y luchando por otra sociedad. Facilita que los distintos colectivos comuniquen y puedan decidir voluntariamente como se pueden sumar a este proyecto común pero diverso, un gran agente activo pero con diversos objetivos y lugares de actuación. Nadie ha de imponer nada a nadie. De esta forma irá emanando desde la base de la sociedad el diseño y la actuación de una sociedad alternativa. Si en un momento determinado del futuro, estas fuerzas sociales cambian de forma de interpretar el proceso hacia la transformación, podrán hacerlo sin problemas. Tendrán también más fuerza para enfrentar las poderosísimas fuerzas que lucharan contra el mismo. Y, aunque plantea un proceso muy largo, hay que tener en cuenta que hasta ahora las experiencias históricas de transformación que se han intentado no han dado los resultados apetecidos. Por lo que quizá es mejor pensar en procesos más lentos, pero más sólidos en su base y en su desarrollo.

La cooperación entre diversos grupos podría conducir eventualmente a elaborar juntos un proyecto, una estrategia común, incluso organizaciones que definan un proceso que permita seguir una iniciativa conjunta[3]. Es hacia aquí donde nos parece que se habrían de orientar algunas actividades de los distintos grupos, en las que se establecieran debates sociales y reflexiones en torno a estrategias y propuestas en las que se busquen paradigmas comunes para los diversos procesos que los distintos grupos sociales habríamos de transitar para destruir el capitalismo y construir la sociedad alternativa. Desde los primeros consensos se pueden aglutinar voluntades que irán estableciendo elementos concretos de actuación para transformar el capitalismo, no para reformarlo. Distintos colectivos plantearán prioridades y de los debates y argumentos habrán de surgir acuerdos de actuación e incluso avanzar hacia un paradigma común. Y la sociedad, activa y plena de propuestas diferentes se iría configurando desde abajo en otra dirección, que permitiría que en determinados momentos se puedan tomar decisiones colectivas unitarias, saltos cualitativos de gran envergadura que signifiquen el avance hacia ‘una sociedad alternativa’ que consistirá entonces en compendio, la resultante de los deseos y las iniciativas del cuerpo social, y será por ello estable y fuerte.

Este enfoque permitiría, además, que los grupos que optan por el reformismo y los que aspiran a la transformación pueden colaborar y trabajar juntos en muchas ocasiones, por lo menos hasta ciertos niveles, en lugar de dedicarse a las descalificaciones mutuas. Teniendo en cuenta la debilidad de los movimientos sociales existe una gran posibilidad -¿o necesidad?- de que las dos tendencias caminen juntas durante una gran parte de sus tareas y la importancia de este caminar común y la fuerza que esta cooperación puede proporcionar no se debe ignorar. Mientras la dinámica social y la correlación de fuerzas se refuerce podremos y habremos de hacer muchas cosas juntos. Podemos hacer una gran parte del camino en común, por ejemplo, con quienes propugnan políticas fiscales y monetarias mas justas, una regulación laboral más favorable a los trabajadores, el mantenimiento de los derechos sociales, mejores prestaciones públicas, una mayor asistencia social, una democracia más genuina, etc.etc. Es una manera de poner en práctica el trabajo plural al que hemos hecho referencia anteriormente, en el respeto mutuo como actores en una tarea en la cual son posibles distintas posiciones, sin intentar hegemonías estériles, cuando no destructivas del trabajo común. .

Ello no debe impedir el reconocer que hay diferencias sustanciales de enfoque, que habrá momentos en que las orientaciones serán diferentes. Aquí propugnamos que una sociedad para el bienestar de la población requiere la destrucción de la sociedad capitalista en cuanto a sus principios fundamentales y su transformación en una sociedad diferente, según unos pocos criterios que hemos explicitado, mientras que quienes quieren reformar el sistema pretenden modificaciones que cambien las cosas pero dentro de las coordenadas del sistema vigente. No se trata de equiparar les estrategias reformistas con las transformadoras. La diferencia es esencial y sustancial. No nos debe asustar reconocer su existencia y que en un momento dado los caminos pueden y será necesario que se bifurquen. Por ejemplo, el tema de la propiedad privada de los medios de producción y su gestión es inevitable que surja si se avanza en el proceso de transformación y es muy probable que las posiciones difieran esencialmente. Y así en otros muchos aspectos. Las rutas serán necesariamente diferentes. Sin embargo, por otra parte, hay que considerar que una decisión de esta magnitud para el conjunto social –otra cosa son los ámbitos de autonomía que se establezcan en el proceso- sólo se podrá plantear cuando la sociedad haya avanzado mucho y firmemente por el sendero de la potenciación de las decisiones colectivas de toda índole. Pretender dilucidar ahora este inevitable tema, nos parece que sería prematuro y podría hacer fracasar el objetivo buscado.

Hacia una sociedad alternativa

Hacia una sociedad alternativa

El tema se convierte, por ello, no tanto en la búsqueda de una alternativa, sino en cómo trabajar, cómo avanzar de abajo hacia arriba hacia una sociedad verdaderamente alternativa, no capitalista, no clasista, diversa y plural desde las sociedades profundamente capitalistas en las que nos encontramos ahora, partiendo de los planteamientos y actividades que se puedan iniciar. A la manera de un largo y amplio proceso formado de multitud de caminantes que transitan por rutas que pueden ser, y a menudo serán diferentes, pero que quieren ir en la misma dirección. Ya el formar parte de este proceso les está integrando en cierto modo en el proceso hacia la sociedad alternativa. Se ha de encontrar el propio camino a través del debate teórico y la acción concreta para las condiciones del siglo XXI. No es una tarea sencilla.

Los aspectos territoriales

Un tema sustancial que hay que determinar es la dimensión territorial a la que referimos la alternativa: mundo, país, ciudad, ya que este tema está atravesado por todo lo referente a la identidad de las personas y al carácter de la categoría de ‘pueblo’.

Dado que se pretende construir una sociedad sin clases hay que comenzar por plantear el derecho de todas las personas a transitar y establecerse en los diferentes territorios. En este sentido, la alternativa deberá tener un carácter global. No obstante, dado que no es realista suponer que la tarea transformadora va a tener lugar en todas partes al mismo tiempo, los agentes y colectivos con voluntad transformadora deberán actuar en el marco geográfico en el que residan, con el deseo y la esperanza de que la expansión de la transformación alcance cada vez mayores territorios.

Pero los territorios están estrechamente vinculados a las personas y grupos sociales que viven en ellos. Por eso, otro elemento muy importante a tener en cuenta al establecer procesos de transformación es el vincularlos con las identidades históricas y culturales, especialmente en lo que concierne a las culturas minoritarias, en el marco del derecho de autodeterminación. Es necesario reflexionar respecto a un nuevo concepto de ciudadanía vinculado a las nuevas necesidades sociales y cívicas que respete y potencie todo lo que representa la diversidad cultural y los derechos colectivos de las poblaciones especificas que pueblan los territorios. Así mismo habrá de procurarse combinar los derechos de la población autóctona con su ejercicio de forma integradora para los recién llegados.

No sólo la economía

Muchas de las personas que participamos en TAIFA somos economistas y nuestros Informes no pueden dejar de tener un fuerte sesgo económico. Intentamos siempre que no sea muy dominante pero a menudo no lo conseguimos. Este desequilibrio nos parece todavía más importante en el tema de las Alternativas, pues somos muy conscientes que una sociedad alternativa tiene que tener muchas más dimensiones que las económicas. Y que los diversos proyectos de transformación existentes pueden ser no sólo económicos sino también de otros ámbitos. Es necesario combinar con la lucha económica no sólo la ideológica y la lucha política, sino también otras muchas vertientes. Por eso creemos que al considerar el proceso hacia una sociedad alternativa hay que tener en cuenta todos los elementos además de los económicos que los distintos sujetos sociales y sus respectivos proyectos puedan plantear. De modo que la sociedad alternativa, la Utopía esté conformada por la resultante de todos ellos.


  1. No podemos ignorar la importancia de los planteamientos libertarios desde hace muchos años.
  2. Michael Löwy. Ecosocialismo: hacia una nueva civilización. Trabajo citado.
  3. Muy a menudo, la necesidad de defenderse de los ataques del sistema capitalista, y más en un momento de un ataque tan intenso como el actual, hace que los movimientos sociales sigan los ciclos de trabajo de los poderes económicos y políticos. Sería necesario tratar de trabajar no solo contra estos ciclos, sino también a favor de nuestros propios proyectos alternativos.