2 Aspectos metodológicos: las premisas básicas

La necesidad de unos criterios fundamentales

Casi siempre cuando se presentan propuestas teóricas para la construcción de sociedades alternativas al capitalismo (como las que se recogen en el Capítulo 5 de este Informe) se plantean como modelos a realizar como si ya se dispusiera del poder para llevarlos a cabo. Son imaginarios que parten ya de una situación alternativa. Todavía más, cuando se revisan las experiencias históricas que han existido de sociedades alternativas (como las que se presentan en los Capítulos 6 y 7), se hace referencia a sociedades que ya lograron el cambio e iniciaron con fuerza el proceso de transformación. Pero ahora, cuando desde la perspectiva de las clases populares se plantea cuales son las ‘Alternativas’ no queda más remedio que referirnos a qué es lo que se puede hacer ‘aquí y ahora’ para avanzar hacia la sociedad alternativa, en una situación en la que no se tiene el poder para la transformación ni parece que se está próximo a tenerlo. Nos parece que en las condiciones actuales el tema inmediato de las ‘Alternativas’ se tiene que plantear el explorar que es posible hacer ahora para avanzar en el largo proceso que será necesario para ir cambiando las cosas sin tener el poder y que sólo podemos hacer cosas desde la base que tendrán, por necesidad, que empezar siendo modestas. En el fondo lo que necesitamos es reflexionar sobre que medios podemos utilizar para avanzar hacia otra sociedad, pero teniendo claro que no tenemos poder político masivo y que es muy poco probable que lo tengamos a corto plazo. Tratamos de reflexionar sobre qué es lo que se puede hacer en las condiciones actuales, no lo que querríamos hacer y lo que habría que hacer para avanzar más de prisa en el proceso de transformación. Estamos limitados por la coyuntura actual en la que nos movemos.

Ya hemos señalado en 1.1. que de ninguna manera pretendemos elaborar una alternativa, sino presentar las consideraciones que nos han llevado a una manera de interpretar el tema de las alternativas de forma amplia, cooperativa e integradora. Que no son más que unas reflexiones de un colectivo que ponemos en común para participar en el debate que sobre el tema se está llevando a cabo. Ya existen muchas iniciativas que están intentando transformar el sistema, o por lo menos trabajar en contra del mismo, por lo tanto, la inmensa mayoría de los aspectos sobre los que vamos a comentar son conocidos. No inventamos nada nuevo, sino que pensamos sobre lo que ya existe para ver si podemos añadir algo útil y esperanzador en nuestra reflexión, esperando que ésta pueda ayudarnos a tod@s quienes deseamos otra sociedad y estamos dispuestos a trabajar y luchar para lograrla.

Ya hemos dicho allí también que la sociedad alternativa que pretendemos consiste en una sociedad que supone otro modelo totalmente distinto de organización social, una sociedad radicalmente diferente de la actual. Hacia la que se ha de avanzar, y eventualmente llegar, por el proceso de transformación llevado a cabo continuada y permanentemente por la actuación de los diferentes grupos sociales, que en una genuina y radical democracia irán construyendo una sociedad en consonancia con las necesidades y deseos del ser humano.Pero esto no es suficiente para precisar cómo habrá de ser dicha sociedad. Creemos que es necesario añadir algunos rasgos esenciales que ha de ostentar dicha sociedad si ha de ser radicalmente diferente de la sociedad capitalista actual.

Desde nuestra perspectiva, esencialmente, dado que el sistema capitalista está basado en la explotación, cualquier alternativa que no cuestione las bases de ésta, que no transgreda la permanente explotación que supone el capitalismo, no será verdaderamente tal.La sociedad alternativa habrá de constituir un sistema no capitalista[1] (anticapitalista), que implica otro modelo totalmente distinto de organización social[2]. Transformar la sociedad significa aquí cambiar, alterar, sustituir unos intereses de grupos minoritarios en la sociedad por los de la mayoría de la población. La clave de la diferencia entre la reforma o la transformación no reside tanto en la actuación o planteamientos en sí mismos, sino en no perder de vista el objetivo final de la actuación, que es construir una sociedad no capitalista.

Puede ser, sin embargo, que decir no capitalista sólo no sea suficiente, ya que podría ser una sociedad anticapitalista pero fuertemente jerarquizada (las sociedades ‘democráticas’ de la antigua Grecia) y con una clara distinción de clases. Por eso añadimos a lo de no capitalista el concepto de una sociedad sin clases.Lo que requiere que no haya explotación de unas personas por otras. Es decir, desde nuestro enfoque, una Alternativa, supone una sociedad no capitalista y sin clases (anticapitalista y anticlasista) en el avanzar hacia la utopía, que es el objetivo de llegada.

Hay muchos intentos de definiciones de las características de las sociedades alternativas. Por ejemplo “Según James O’Connor, el objetivo del socialismo ecológico es una nueva sociedad basada en la racionalidad ecológica, en el control democrático, en la equidad social, y el predominio del valor de uso sobre el valor de cambio’; para la Democracia Inclusiva la sociedad alternativa se basa en la redistribución igualitaria del poder, recuperando el significado de democracia y extendiéndolo al ámbito económico, social y ecológico.

Una definición que nos gusta en TAIFA (no es exclusiva) es que consideramos sociedades alternativas aquellas sociedades económica y socialmente justas, democráticas, ecológicas, y en que las personas puedan vivir desarrollando toda la capacidad que tiene el ser humano para una vida plenamente satisfactoria y digna, en sociedades construidas con su plena participación.

Nos parece de interés elaborar algo más, precisar con más detalle, los aspectos básicos de una sociedad alternativa.

Para verificar hasta donde cualquier alternativa, u organización social que se proponga va contra el capitalismo y orientada a construir una sociedad sin clases, justa y armónica, necesitamos establecer unos pocos criterios fundamentales que sirvan como brújula de orientación (en el sentido de marcar la dirección del proceso a seguir), de hoja de ruta de todo el proceso y de matriz o de unidad de verificación (que establece las características necesarias para que una sociedad no sea capitalista).

Es necesario ser conscientes que avanzar hacia una nueva sociedad supone muchas y grandes dificultades porque ya hemos dicho también que el cambio ha de iniciarse y producirse en el seno de la sociedad actual que es profundamente capitalista. Se ha de cambiar desde el capitalismo, y en el capitalismo, pero contra el capitalismo. Y es una tarea difícil, que a veces puede parecer contradictoria. El trabajo de transformación será intentado por personas con valores muy distintos a los dominantes en la actualidad y con un funcionamiento social tan diferente que, desde donde estamos ahora, nos resulta casi imposible siquiera poder imaginarlo. No obstante, es una tarea que se ha de intentar ¿cuáles serían las características mínimas que identificarían la sociedad utópica que pretendemos?

También se ha señalado en el Capítulo 1 que tendrán que existir algunos trazos muy fundamentales de acuerdo entre todos los agentes que luchan por otra sociedad sobre lo que ha de constituir la base de la sociedad deseada, pero que habrán de ser muy pocos. Planteados desde un enfoque de diversidad y tolerancia, conscientes y aceptando plenamente que otros agentes sociales pueden tener diseños distintos y que es responsabilidad de todos articularlos e integrarlos para ir avanzando hacia un proyecto que será común pero que de partida es plural y se pretende que continúe siéndolo.

Esta brújula de orientación y matriz general de validación, es efectiva para cualquier propuesta alternativa por estar compuesta por unas características mínimas que han sido deducidas a partir de todos aquellos bloques que conforman el capitalismo y que hay que rechazar y sustituir por aquellos que consideramos esenciales para construir una sociedad radicalmente diferente.

Brújula de orientación y matriz general de validación

Precisar todos los aspectos de una sociedad alternativa de forma satisfactoria supondría una tarea ingente, imposible y, para nosotros sería además inadecuado según los planteamientos de diversidad que se hacen en el Capítulo 1. Por ello, lo que nos parece más posible y útil es definir unos pocos elementos clave que cualquier planteamiento respecto a una sociedad alternativa ha de tener presente. En TAIFA hemos seleccionado algunos criterios que nos parecen absolutamente fundamentales para definir la sociedad alternativa que deseamos. Los recopilamos brevemente en primer lugar y pasamos después a desarrollarlos

Los criterios fundamentales para una sociedad alternativa

  • Un régimen de producción comunitario; que no explote a las personas ni derroche recursos. Potenciando el valor de uso en la producción y la desmercantilización de la naturaleza. La justicia es más importante que el crecimiento, la eficacia y la eficiencia.
  • Qué su sistema de propiedad sea colectivo, comunal, no de propiedad privada.
  • Qué su sistema de distribución sea equitativo; que el acceso a los bienes que satisfacen las necesidades básicas esté asegurado (aunque no se trabaje). No se puede tolerar la pobreza. Todos tenemos derecho a vivir dignamente.
  • Qué los procesos de transformación se inicien desde la base, de abajo hacia arriba. Y que la gestión del poder sea horizontal; igualitaria, participativa, abierta, democrática, plural y no jerarquica.
  • Que su sistema de valores y afectos proponga y potencie el bien común. El bienestar social y colectivo es prioritario sobre el bienestar individual, pero éste también es importante.

Estos son los elementos que TAIFA considera esenciales. Para lograr genuinamente un avance hacia una sociedad no capitalista, sin clases, que se inicie desde la base, para lograr el bienestar de la mayoría de la población habrían de cumplirse los cinco criterios que señalamos como claves para una sociedad alternativa.

No obstante, si el proceso hacia la alternativa ha de ser la conjunción de los diversos sujetos y grupos sociales que pretenden otra sociedad, es posible que experimenten modificaciones según la composición de dichos grupos y sus objetivos e intereses respectivos. Los presentamos aquí, en parte porque son los fundamentales para nosotros, pero también en parte como ejemplo del tipo de elementos que pueden constituir la base de la construcción social no capitalista que puede integrar precisamente estos elementos u otros en líneas similares formando parte de un consenso transformador. Pasamos a desarrollarlos con un poco más de amplitud:

El sistema de producción y la propiedad de los recursos productivos[3].

Producción y relaciones sociales.Cualquier sociedad necesita producir los bienes con los que satisfacer sus necesidades para poder sobrevivir. Toda alternativa al capitalismo habrá de basarse en un sistema productivo concreto que ha de ser la base que permita producir lo necesario para aquella sociedad, con unas relaciones entre las personas de carácter totalmente distinto a las relaciones de explotación capitalistas; que de lugar a una distribución justa y que establezca las relaciones adecuadas con la naturaleza, garantizando los equilibrios ecológicos para asegurar la vida del planeta. La producción no se orientará al beneficio privado y para el intercambio en el mercado sino a satisfacer las necesidades materiales básicas de la población y, en tanto en cuanto posible, sus deseos.

El trabajo no es una mercancía y la fuerza de trabajo no debe serlo. No puede existir la explotación de unas personas por otras, sino la cooperación en un proceso común. Para la existencia de un sistema de producción alternativo en las empresas es necesario que las relaciones sociales entre los participantes en un proceso de producción y la gestión empresarial sean realizadas por el conjunto de los trabajadores con igual capacidad de decisión entre ellos para las decisiones estratégicas[4], en fórmulas diversas conocidas bajo la denominación de autogestión. No solamente esto sino que ‘La gestión empresarial deberá hacerse en el marco de una economía planificada, por medio del sistema de autogestión ampliada’. Este es un concepto clave para el planteamiento de las empresas alternativas y es necesario tenerlo muy en cuenta[5]

Esto no es posible en el capitalismo cuya esencia está constituida por la propiedad privada de los medios de producción y las decisiones dependen de sus propietarios que buscan su beneficio particular, por lo que se ha de optar por alguna forma concreta de propiedad de los medios de producción distinta a la de la propiedad privada. Habrá de ser una propiedad colectiva. En nuestra concepción de una sociedad alternativa no cabe la propiedad privada del capital ni de los medios de producción que está en la base del proceso de explotación de unas personas por otras y es la característica fundamental de las relaciones del sistema capitalista y, por tanto, de la división de la sociedad en clases. Tiene que rechazarse contundentemente. Este es el elemento esencial de cualquier alternativa. Porque lo más importante de un sistema de producción es que permita a las personas controlar sus vidas, y esto es imposible con un sistema de propiedad privada.

Una sociedad alternativa tiene que basarse en la propiedad colectiva y el control social de los medios de producción y los bienes producidos que elimine cualquier forma de explotación entre las personas, a la vez que deberá ser congruente con el respeto de los equilibrios ecológicos que garantizan la vida en el planeta. Por tanto, tienen que cambiar las relaciones de producción y convertir la propiedad social en el elemento central de la construcción de una sociedad sin clases sociales, dirigida a satisfacer las necesidades de la sociedad.

Evidentemente eso no significa que todo lo que existe en la sociedad deba ser de propiedad colectiva. Parafraseando a E. Fromm, que cada cual tenga su cepillo de dientes y vista como le de la gana. De lo que se trata, y eso es lo fundamental, cuando se habla de la propiedad colectiva es de poner bajo el control de la población todos aquellos recursos e infraestructuras esenciales para la reproducción de la vida económica y social. En definitiva se trata de poner bajo control democrático todo aquello que resulta esencial para la reproducción de la sociedad.

Entendemos que podrían existir distintas formas concretas que sostuvieran el control social de los medios de producción (estatal, municipal, comunal, cooperativa) y unas relaciones sociales igualitarias. En este sentido y en estos momentos, nosotros no nos definimos por ninguna de ellas en concreto. Pensamos que la opción por las formas específicas será fruto de la evolución del debate y el análisis que ejerzan los componentes de la sociedad en cuestión y es muy posible que se puedan utilizar combinaciones de las diversas formas.

Eliminada la propiedad privada de los recursos productivos y naturales, el poder que ejercen los propietarios y el poder del Estado de clase que protege los intereses de los capitalistas se desvanece. Este cambio en la propiedad, y sus consecuencias sobre el poder, permiten reconstruir los demás sectores determinantes de la vida comunal sobre unas relaciones sociales radicalmente diferentes y establecer las formas tecnológicas y organizativas de producción intercambio y consumo, la reformulación del concepto de progreso, los procesos de trabajo y otros muchos aspectos sobre la base del bien común. Y este sistema es viable y puede ser eficiente.

Un sistema de producción alternativo que no siga los criterios del mercado, tiene que estar basado en una economía donde se deciden socialmente las prioridades de la producción y la asignación de los recursos y medios de producción para cubrir las necesidades y deseos de la población que afectan al conjunto de la sociedad. Es decir ha de constituir una sociedad socialmente planificada.

La planificación es el ejercicio, por la sociedad toda, de sus libertades: libertad de decisión, y liberación de las alienantes y cosificadas “leyes económicas” del sistema capitalista, que determina la vida y muerte de los individuos, y los encierra en una “jaula de hierro” económica (Max Weber). Para que ello sea posible en un sistema descentralizado y democrático habrán de explorarse nuevos sistemas de planificación que, a la manera de las dos caras de una moneda cubran una doble función: por un lado, asignar las prioridades y los recursos para cubrir las necesidades colectivas fundamentales y garantizar las necesidades básicas de toda la población, y por el otro, hacer posible la toma de decisiones sociales desde la base, con la máxima descentralización, para aproximar las decisiones a las necesidades y deseos de los diversos grupos y aún de las personas que conforman una sociedad. Tarea probablemente difícil pero no imposible. Para ello es esencial la participación de las personas en las decisiones colectivas de producción desde la base y la planificación habrá de iniciarse y llevarse a cabo a nivel local, con los recursos disponibles a ese nivel dentro del marco de una planificación del conjunto, para ir ascendiendo a niveles cada vez más concentrados para gestionar y coordinar aquellos recursos que lo requieran por su escasez o naturaleza (infraestructuras, medio ambiente) hasta llegar a las decisiones centrales que, a su vez, determinan en parte los recursos de que disponen los niveles de orden más descentralizado. Un doble transito de la base hacia el centro y del centro a los ámbitos más descentralizados, en el que es fundamental que se gestione con la más amplia representación y capacidad operativa de las instancias sociales de base.

No obstante, podría ser factible plantearse si para facilitar la percepción de los deseos de la ciudadanía y la descentralización de los procesos productivos, así como la distribución (material), para algunos intercambios de carácter no estructural ni fundamental pudiera ser conveniente facilitar su realización a través de mercados limitados, con salvaguardas que eviten la explotación. Dando por sentado que la distribución referente a los satisfactores de las necesidades básicas así como el resto de decisiones distributivas que se consideren estratégicas para el funcionamiento de la sociedad deberán quedar bajo la égida de los criterios decididos por la comunidad.

En un sistema alternativo no es necesario planear el crecimiento por el crecimiento, como en el capitalismo. Se decidirá socialmente en que aspectos colectivos se quiere crecer y en cuales no es necesario crecer (muchos aspectos del consumo individual y algunos del colectivo). Una sociedad alternativa no será una sociedad del consumo y del derroche sino una sociedad austera, para la buena gestión y aprovechamiento de los recursos, pero también del buen vivir para la población dentro del nivel de riqueza disponible y teniendo en cuenta la solidaridad internacional. Este punto es importante para establecer la sostenibilidad de los recursos, la distribución de la renta, el nivel de empleo y la jornada de trabajo. Con crecimiento selectivo, seguramente no hace falta tanta inversión, ni trabajar tanto.

Las necesidades de trabajo para la colectividad se determinarían socialmente. En este contexto será importante decidir el mecanismo para asignar las tareas indispensables para el buen funcionamiento de la sociedad que son consideradas penosas, para asumirlas colectiva e individualizadamente sin ninguna discriminación. (Otro tema es qué sistema se puede arbitrar para resolver las conductas anti-sociales). No obstante, debería facilitarse al conjunto de la población el implicarse en las tareas productivas de bienes y servicios (es decir, de trabajar) en función de sus capacidades y en tanto en cuanto cada persona lo deseara y estuviera dispuesta a implicarse en la dinámica del trabajo social.

El sistema de distribución.

En las economías capitalistas el sistema productivo y los mercados determinan la distribución de la riqueza y de los ingresos, mientras que en una sociedad alternativa la distribución no vendrá dada por los intercambios de mercado, sino establecida por decisiones sociales recogiendo las necesidades y deseos colectivamente reconocidos, aunque la composición exacta de los mismos podrá presentar múltiples variantes.

Al considerar el sistema de distribución es necesario distinguir entre dos niveles: la distribución en lo que hace referencia al uso colectivo de los recursos y la distribución entre las personas, a nivel individual.

Respecto a la distribución para el uso colectivo de los recursos, ya se ha señalado que será el sistema de planificación social el que marcará las decisiones fundamentales de producción, y, por tanto de la distribución y uso de los recursos. Para los bienes de consumo colectivo: agua, sanidad, vivienda, educación y cultura, pensiones, asistencia social, etc. etc., la tarea fundamental consiste en plantear un mecanismo social de asignación de recursos desde la perspectiva igualitaria y no basada en la propiedad. La sociedad ha de dotarse de algún mecanismo más justo y eficiente que los mercados y los precios – la comunidad como órgano de selección y gestión, y la planificación social como instrumento comunitario-, que le permita asignar los recursos de forma satisfactoria tanto a nivel colectivo como individual. Lo que hace necesario y esencial un sistema de planificación social, como se señala en el apartado anterior.

Respecto al nivel individual, dentro de las posibilidades que permite la planificación social, el referente distributivo fundamental ha de consistir en la base igualitaria entre las personas, lo que es posible debido a un sistema productivo no explotador, no basado en la propiedad privada de los recursos productivos. La combinación del sistema productivo y distributivo de asignación de recursos colectivos debe asegurar la plena realización individual y el desarrollo de cada una de las personas de una sociedad

Para ello, toda persona que vive en una sociedad determinada habría de disponer de los bienes económicos necesarios para poder cubrir sus necesidades básicas al nivel de la capacidad productiva de dicha sociedad. Consiste en el derecho a una Renta Básica que cubra las necesidades fundamentales. Este derecho ha de ser individual e incondicional, es decir, no habría de estar sujeto a ninguna otra consideración más que la de ser miembro de dicha sociedad. Por tanto, el derecho a la existencia estaría desvinculado del trabajo y no respondería a ninguna razón o merito productivo. La pobreza de las personas individuales no puede ser tolerada. En términos ideales, a medida que avance la transición hacia el nuevo sistema, cada vez más productos y servicios se distribuirían libres de cargo, de acuerdo con el deseo de los ciudadanos Esto no debe ser obstáculo alguno, en ningún caso, para que las personas que deseen trabajar puedan ejercer actividades remuneradas según el sistema que socialmente se establezca.

La participación activa de las personas en la toma de decisiones colectivas y el tema del poder.

El cambio social debe de realizarse de abajo hacia arriba, mediante la participación y movilización ciudadana, mediante la acción de los movimientos sociales de todo tipo, sin esperar ordenes y planes de otras instancias. ‘Ha de ser el pueblo quien levante el edificio de las nuevas e indispensables instituciones sociales’[6] Lo que supone que cada grupo, por pequeño que sea puede iniciar y desarrollar acciones por su propia iniciativa.

Ya se ha señalado más arriba que cada colectivo debe disponer de autonomía para trabajar por sus objetivos inmediatos, en el marco de un proyecto de transformación de carácter muy amplio, sólo basado en los criterios que se acepten como definitorios del mismo. Lo que implica también que la tarea de articular y coordinar distintos tipos de actuación, el tema de las alianzas a establecer son cruciales y particulares de los distintos grupos, ya que es imprescindible el coordinar gradualmente los distintos enfoques y tareas.

Sobre el poder: Con frecuencia se asocia el establecimiento de una sociedad alternativa con una toma del poder inmediata por las fuerzas antagónicas que propugnan la sociedad alternativa del poder de las sociedades capitalistas. Se considera que un orden social alternativo al capitalista sólo se podrá lograr si tiene lugar un proceso revolucionario que rompa con las relaciones de la superestructura (estado e instituciones), ya que ésta no es independiente sino que está en función de los intereses de la clase dominante (que lo ha consolidado). Pero aquí consideramos que no hay que considerar como Poder sólo al poder político, al aparato del Estado en sus diversas formas como expresión de los intereses de la clase capitalista, sino que el poder, que supone una relación social de fuerza basada en la relación entre capital y trabajo en el proceso productivo, se expresa también en todas las manifestaciones de la vida social, lo que es necesario tener en cuenta si se pretende caminar hacia una organización social completamente diferente.

Replantearse el proceso por el que se produzca “la toma o destrucción del Poder” en un contexto donde la correlación de fuerzas está muy en contra de los sujetos transformadores puede sonar un poco iluso. En este sentido probablemente nos encontramos con una necesidad de variación y ampliación del concepto tradicional y socialmente instaurado de Revolución.

En este sentido uno de los interrogantes que se plantea TAIFA es si en la actualidad es válido hablar de Revolución o es más adecuado el término de Transformación. Generalmente la idea de revolución lleva asociada la imagen de un acto concreto de toma del poder político, relativamente rápida y de forma violenta como punto central del proceso de cambio. Parece evidente que la situación de correlación de fuerzas en la actualidad (por lo menos en el contexto de las sociedades occidentales) imposibilita esta concepción de un cambio basado en esta idea de una revolución[7].‘Debemos forjar una teoría del cambio social que nos ayude a determinar los medios por los cuales un movimiento revolucionario pueda conducirnos hacia una sociedad radicalmente diferente…[Pero] ‘En nuestra época, el adjetivo revolucionario se ha vaciado de sentido. Todo es revolucionario…; ¿Acaso Margaret Thatcher no se definía ella misma como revolucionaria?’ [8]¿Qué se entiende por revolución?

Si se entiende que hoy, en nuestro contexto geográfico, la Revolución consiste en un proceso de transformación permanente de la sociedad, que se ha de reinventar en cada nueva situación, que ser un revolucionario/a tiene como punto de partida considerar que el principal problema en el capitalismo como tal es su totalidad, y que la superación del capitalismo sólo en parte no es negociable, si se explica adecuadamente lo que esto significa, las expresiones revolución o transformación se referirían a fenómenos similares consistentes en la transformación radical del sistema capitalista vigente. El proceso permanente de revolución social podrá, hipotéticamente, dar lugar en momentos puntuales a transformaciones cualitativas importantes que son las que suelen ser consideradas como ‘revoluciones’ en momentos puntuales. Pero si ello no se produce no significa que la transformación social en curso no suponga una revolución social.Este posicionamiento es la base sobre la que TAIFA entiende que el proceso de transformación social empieza en el aquí y ahora mediante la toma de consciencia colectiva de clase social y su praxis, y la voluntad de transformación radical.

‘La conquista del poder no puede ser, por tanto, un acto (toma del poder); es un proceso articulado/mediado por la construcción de poder popular (poder propio), en tanto no es el poder del capital el que se busca ejercer sino el poder del pueblo. Y para eso debe ir construyéndose. En dicho proceso, el pueblo irá tomando conciencia de su capacidad de poder y de los modos yálidos para ejercerlo, organizándose para ello, empoderándose sobre nuevas bases, desarrollando prácticas colectivas que abran camino hacia lo nuevo a la vez que lo van creando y construyendo día a día en todas sus actividades’[9].

Una de las lecciones importantes de la historia es que es muy difícil realizar un cambio profundo y permanente de la sociedad si no hay un grado de conciencia elevado de su deseabilidad por una parte importante de la población[10]. Tomar de una vez el poder político no asegura siempre la voluntad de la mayoría social por la transformación que ello debería implicar. Trabajar por la construcción de una nueva sociedad, supone avanzar hacia la implicación gradual de cada vez más personas en una nueva forma de hacer política, en nuevas relaciones sociales y en una nueva economía. Por ello, la transformación o revolución es un proceso a largo plazo.

En el Capítulo siguiente comentaremos brevemente acerca de una de las manifestaciones más evidentes del poder en las sociedades actuales como es el Estado.

Los valores.

Resulta evidente que cualquier planteamiento de una sociedad alternativa supone que todo su proceso de transformación ha de ir acompañado de un sistema de valores de acuerdo con los nuevos enfoques respecto a las necesidades sociales y cívicas. Es necesaria la potenciación y la enérgica defensa de nuevos valores – aspectos como la prioridad del bien común, la potenciación de lo colectivo, la importancia del tiempo libre[11], lo fútil y dañino del consumismo[12], más allá del reino del dinero y muchos otros-, que serán indispensables a la hora de construir una nueva sociedad, así como una lucha valiente contra los existentes. Se habrán de cambiar las concepciones mentales sobre el mundo y la sociedad, reagrupando saberes e interpretaciones culturales y de creencias.

Asimismo, para que el objetivo final y los criterios esenciales estén permanentemente en la línea de actuación deseada, son necesarios unos procedimientos constantes de crítica y autocrítica que faciliten el comparar constantemente si lo que se está haciendo es aquello que se deseaba conducente a la transformación, o se está desviando hacia el reformismo. La revisión de la actuación propia y la crítica permanente constituyen valores esenciales de los procesos de cambio. Por ello es importante dar cabida en todos los planteamientos a los elementos críticos que fuercen a mantener las líneas más radicales de actuación.

Finalmente, hay que tener en cuenta que no se pueden realizar transformaciones radicales sin transformar, como mínimo bastantes aspectos individuales: nuestras propias ideas, el régimen de vida cotidiana, las relaciones sociales, sin abandonar cierto tipo de satisfacciones a favor de otras renovadas, hay que cambiar nuestra relación con la naturaleza y otras muchos momentos en el proceso co-revolucionario.

Recopilando

Cada uno de estos elementos tiene su dinámica y es portador de tensiones y contradicciones internas pero todos son co-dependientes y co-evolucionan en interacción (la dialéctica)entre unos y otros.

Estos son los aspectos que en TAIFA consideramos básicos para avanzar hacia una sociedad genuinamente alternativa. Esto no quiere decir que sean inalterables o que no puedan ser completados con otros o cambiados en algunos de sus aspectos. Pero nos parece que al tratarse de aspectos tan fundamentales es difícil que estos criterios puedan alterarse sustancialmente sin destruir con ello las características básicas de la nueva sociedad. De todos modos, la posibilidad debe quedar abierta, pero con ciertas precauciones para evitar que al querer ampliar el sujeto transformador no se desvirtúe el sentido de la misma hasta convertirla en otra propuesta diferente mucho más próxima al capitalismo actual.

En el Gráfico 2 presentamos un resumen de nuestros criterios fundamentales:

Los criterios fundamentales o matriz comunal para una sociedad alternativa

Los criterios fundamentales o matriz comunal para una sociedad alternativa. Fuente: J. Iglesias Fernández. Elaboración del liboLa Sociedad por venir. Una alternativa al capitalismo


  1. Metodológicamente hay que decir una sociedad no capitalista, ya que anticapitalista puede ser el punto de partida ahora, pero no el de llegada, ya que ser anticapitalista no significa nada. Y lo mismo para anticlasista, una definición negativa no es una definición.
  2. En otras épocas muchos hubieran dicho que se pretendía una sociedad socialista como transito hacia una sociedad comunista. Pero estas palabras han sido tan degradadas, su significado histórico tan alteradonegativamente que es difícil identificarse ahora con ellas como objetivo de una sociedad alternativa en el lenguaje común. Por eso nos mantendremos en una terminología que haga referencia a una sociedad alternativa y para referirnos al proceso que nos ha de conducir a ella al proceso de transformación hacia una sociedad alternativa, lo que en otras épocas y otros contextos se hubiera expresado como la búsqueda del socialismo .
  3. Este apartado se completa con el Capítulo 10 de la Parte III.
  4. Es obvio que las decisiones operativas del día al día habrán de ser regidas según la división del trabajo establecida según criterios técnicos, pero ello en ningún momento ha de ser contradictorio con la capacidad igualitaria en las decisiones estratégicas.
  5. Véase Parte III, Capítulo 9
  6. Irving L. Horowitz. Los anarquistas. 1. la teoría, pp.171-201. Alianza editorial. Madrid 1975
  7. No obstante, si por cualquier razón o circunstancias surgieran las condiciones necesarias para ella no habría porqué rechazarla, sino todo lo contrario.
  8. Harvey D., ‘Los siete momentos del cambio social’. Intervención en el congreso ‘Marxism 2009’. http://www.herramienta.com.ar
  9. Isabel Reuber http://socialismo21.net/siglo-xxi-tiempo-de-revoluciones-desde-abajo
  10. Lo que se agrava por la correlación de fuerzas actual y el control de las élites sobre los medios económicos y comunicativos y los recursos militares, que hacen impensable una revolución rápida o una toma del poder desde arriba.
  11. La reducción de las horas de trabajo es un paso decisivo de la humanidad hacia lo que Marx llamó “el reino de la libertad”. Un incremento significativo del tiempo libre es una condición para la participación democrática del pueblo trabajador en la discusión democrática y el manejo de la economía y la sociedad.
  12. Como Ernest Mandel enfatizó: “la continua acumulación de cada vez más mercancías (con una “utilidad marginal” decreciente) no es de ninguna manera una característica universal o incluso predominante de la naturaleza humana. El desarrollo de talentos e inclinaciones por su propio bien; la protección de la salud y la vida; el cuidado de los niños; el desarrollo de ricas relaciones sociales [...]; todos estos factores se convierten en motivaciones fundamentales una vez que las necesidades materiales básicas han sido satisfechas””. 

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